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miércoles, 21 de diciembre de 2011

A diez años del colapso argentino. Primera parte.


EL ENFRENTAMIENTO COMO BASE DESESTABILIZADORA.

Haciendo un poco de memoria y recurriendo a todos estos años de estudio, sumando las lecturas que hago por goce propio, puedo decir certeramente que nunca en la historia argentina se habían sucedido hechos como los ocurridos el 19 y 20 de diciembre de 2001.

Tal vez el recuerdo más reciente fue el estado de caos generado por la hiperinflación hacia fines de los ’80 durante la gestión de Raúl Alfonsín, a lo que hace la ola de saqueos y de estado de sitio. Más atrás en el tiempo, me hace eco la Revolución del Parque de 1890, cuando los insurgentes bajo el ala de la Unión Cívica se rebelan contra el unicato de Miguel Juárez Celman (Presidente de la Nación y, a su vez, Presidente del Partido Autonomista Nacional) Sin embargo, esta revolución, embrionaria del radicalismo argentino, no logró el objetivo último que era terminar con un sistema que había concentrado el poder en muy pocas manos, llevado a la miseria a la gran mayoría de la población, y que no actuaba conforme a los tiempos de cambio que se vivían en el país hacia fines del siglo XIX. Por el contrario, lograron sacar a Juárez Celman de poder, siendo sustituido por el Vicepresidente Pellegrini.

El estallido del 2001 fue (y es) la etapa final de una conjunción de factores que se fueron sucediendo a lo largo de unos 30 años. La culpa no fue ni de De la Rúa, ni de Cavallo, ni del FMI, ni de la gente.. Fue culpa de todo y de todos.

A mi entender, esta herida comienza a abrirse en la década del ’30 con la seguidilla de gobiernos de facto que se fueron instaurando en los siguientes 53 años de historia, que van de 1930 a 1983. En este período señalado, la Argentina estuvo gobernada por 15 Presidentes de facto: José Félix Uriburu (1930-1932, derroca a Hipólito Yrigoyen); Agustín Pedro Justo (1932-1938); Arturo Rawson (1943, encabeza el derrocamiento a Ramón Castillo); Pedro Pablo Ramírez (1943-1944); Edelmiro Julián Farrell (1944-1946); Eduardo Lonardi (1955, encabeza la Revolución Libertadora y el derrocamiento de Juan Domingo Perón); Pedro Eugenio Aramburu (1955-1958); José María Guido (1958-1963, si bien pertenece a la Unión Cívica Radical Intransigente, es designado por la Corte Suprema de Justicia y habilitado por las Fuerzas Armadas); Juan Carlos Onganía (1966-1970, derroca a Arturo Umberto Illía); Roberto Marcelo Levingston (1970-1971); Alejandro Agustín Lanusse (1971-1973); Jorge Rafael Videla (1976-1981, Golpe de Estado a María Estela Martínez de Perón); Roberto Eduardo Viola (1981); Leopoldo Fortunato Galtieri (1981-1982) y Reynaldo Bignone (1982-1983).

Semejante castigo a la República se fue agravando proporcionalmente a medida que cada golpe militar (o cívico militar en muchos casos) irrumpía en el sistema. Llegamos los argentinos al imaginario ¨con los militares estábamos mejor¨ en un acto de vomitivo sincericidio al no pensar detenidamente en lo que estábamos diciendo.

Logramos llegar al fin de la etapa de golpes militares, tras la nefasta dictadura de Videla, Massera, Viola, Galtieri; pero sumada a los ingredientes antes agregados como eran Montoneros, ERP, y la lucha armada generalizada en el país por la izquierda peronista.

De pronto el Estado de Derecho era una concepción teórica, que desde tiempos memorables no era llevado a la práctica. Jugaron con nuestra Patria, nuestra Historia, nuestro bolsillo y nuestros sentimientos. ¿Te suena?

Las recetas económicas fueron de tan variadas como Jefes de Estado tuvo la historia, pasando por un sistema de sustitución de importaciones, liberalización, nacionalismo económico, privatización, más liberalización..

Lo que se destruyó, a fin de cuentas, fue el ser nacional. Esto también es alimentado por 200 años de enfrentamientos, divisiones, sectorizaciones, pero sobretodo, marginaciones en el seno de la sociedad argentina. Siempre se nos impuso decidir de qué lado estábamos. Unitarios y federales, caudillos y estadistas, pueblo y oligarquía, pobres y ricos, rubios y cabecitas negras, patria y antipatria, civiles y militares, caceroleros y piqueteros. Ecuaciones excluyentes, forzadas en su propio planteo, propensas a seguir en cartel apenas con cambios de elenco.

En la historia argentina las antinomias retornan como si sólo se recordara de ellas el beneficio político inmediato para quien las impuso y no el carácter corrosivo de su ingrediente principal: el odio. Odio que se multiplica y se recicla entre ambas partes una vez que la máquina arranca.

Todo se justificó en nombre de la democracia incompleta. Los conservadores excluyeron a los radicales. Luego los radicales se arrogaron de ser el todo (¨mi programa es la Constitución¨, decía Yrigoyen). Después los conservadores industrializaron el fraude y espantaron a los radicales. Siguió el peronismo, que excluyó a todos lo demás. Vinieron todos los demás y excluyeron al peronismo. ¿Qué podía salir de esta serie teñida por la parcialidad de las reglas de juego? Lo que salió: un eterno malentendido sobre lo que significa ser opositor.*

Todo esto referido a las esferas de quienes detentaron el poder, y aquellos -todo el resto- que se lo disputaron. En el medio: la sociedad. Curtida y desorientada. Y nos usaron. Vaya si nos usaron. Vaciaron nuestras arcas, la del pueblo argentino, las vendieron al mejor postor e incluso nos quisieron convencer de que lo mejor no era lo de acá, sino lo de ¨allá¨:






* MENDELEVICH, Pablo (2008); ¨El país de las antinomias¨; Ediciones B Argentina; Buenos Aires, Argentina.

miércoles, 6 de abril de 2011

Perfilando.

Con la victoria de 1983, el Juicio a las Juntas, la Conadep, la APDH y el tan criticado Pacto de Olivos, logramos cerrar una etapa en la Argentina para dar paso a una nueva, que garantizara la plena vigencia de los derechos humanos.

Ahora debemos AVANZAR. La Democracia ya está instalada, claro. Votamos cada dos años.. Pero esto no ha sido garantía para que se cumplan los derechos y la sociedad reaccione ante sus obligaciones.
Congreso de la Nación Argentina

Nuestras ganas de militar, de luchar y de pelear cada día va muchísimo más allá del 14 de agosto, el 30 de octubre o cuanta fecha electoral se nos imponga. Luchamos por un sueño, que es una Argentina justa, honesta, que le haga frente realmente a todo aquello que impida su normal desenvolvimiento.

Nos han vendido muchos cuentos durante la historia.. Con mis 21 años pasé dos grandes etapas, la menemista y la kirchnerista.. La Alianza es un claro ejemplo de ¨anti algo¨ Y así nos fue. A todos, a cada uno de los argentinos. Se suponía que luego se volvería a la normalidad. Logramos una estabilidad política, pero dejamos atrás lo realmente necesario y vital que una Nación necesita: el Estado de Derecho, la igualdad social, la protección de los recursos naturales de la nación, la lucha contra el narcotráfico, la estabilidad económica.

Dicen que hay que profundizar ¨el modelo¨. Yo no quiero ni un pibe más muerto por desnutrición, yo no quiero que empresas extranjeras se lleven lo que es nuestro y no le dejen nada al país más que contaminación, erosión, deforestación, enfermedades.

Yo quiero un país en donde el Estado tenga un rol activo en la sociedad y en la economía. No nos comamos el cuento del actual Gobierno que se jacta de ¨luchar contra la oligarquía, los poderes concentrados, los monopolios¨

Mientras, todos los ministros tienen causas penales; quienes detenaron el poder durante los últimos 8 años aumentaron su patrimonio personal casi exponencialmente; no contamos con radares que controlen nuestro espacio aéreo y al mismo tiempo tenemos a una Fuerza Armada deshauciada; inventan causas penales e inician una guerra contra un medio de comunicación -por cierto, manipulador de la realidad desde hace varios años, no desde ahora-, sólo una vez que se produjo el divorcio entre quien controlaba el poder político por aquel entonces y aquel hombre que conduce hasta estos días el Grupo Clarín; pactan con lo peor de la política Argentina; se autoproclaman progresistas y hay provincias pobres, municipios en rojo, han permitido la sojización a tal extremo que casi no tenemos tierra fértil para poder cultivar otro tipo de cultivo, todo ante la falta de una política real de agricultura y ganadería. Por el contrario, deciden llevar adelante una guerra mediática de medición de fuerzas, que no logró otra cosa que parar el país y que los precios de varios productos primarios subieran sus precios en el plano interno, y que los que tuvieron que pagar ese aumento es aquel que se encontró totalmente ajeno a esa pelea, reitero, mediática. Los principales contribuyentes de la campaña de Cristina Fernández de Kirchner son los terratenientes y arrendatarios dueños de pooles de siembra y feed lots. ¿De qué pelea, entonces, estamos hablando?

Este gobierno no ha hecho más que dividir a la sociedad, se es DE UNO o se es DEL OTRO. Al punto de dividir familias, amigos, compañeros de facultad.. Si lo sabré yo.

Es hora de afianzar y profundizar las garantías democráticas. Que estén contempladas en nuestra Constitución Nacional ya no resulta un medio efectivo para que se realicen.

Ya nadie lee la Constitución. Hoy la guía y la agenda de este gobierno está determinada por las editoriales de Clarín, La Nación, Perfil, TN, Canal 26 o cualquier otro medio que no han podido cooptar aún. Cualquier medio que no piensa o no cuenta lo que a ellos les gustaría que cuenten..

Al mismo tiempo, me quejo y me desilusiono del periodismo de hoy, quedan muy pocos periodistas serios y creíbles, respetables al menos. 


Hoy en día ¨los medios¨ le hacen el juego a la derecha y a sus secuaces. Las noticias tratan de muertes, violaciones, comparaciones con los ¨países normales¨, todo para indicarnos que debemos aplicar una mano dura, el orden, la ley, todo para salir de este ¨caos¨. Son los dueños de los principales medios de comunicación masiva quienes están llevando a la opinión pública a pensar que Duhalde o Macri son hoy ¨la alternativa¨ a este ¨proyecto¨.

Yo les digo: no lo son ni uno ni el otro. Hoy lo que le hace falta a la República, es una fuerza de centroizquierda. 

Una alternativa socialdemócrata, que le devuelva a la Argentina el valor de la Ley, el respeto a las instituciones, la protección del mercado interno y la maximización de la competitividad exterior, el fortalecimiento del Mercosur como bloque regional, la inserción de Argentina en los temas de la agenda internacional, la real distribución de las riquezas de la Nación, un plan de emergencia para salvar a las provincias del norte, para sacarlas del estado feudal en el que se encuentran inmersas, la eliminación del IVA de la canasta básica y por qué no la reducción de la alícuota más regresiva del país. 

Creo que es claro el camino por el que estoy transitando. Creo que es claro hacia dónde voy. 


Con estas palabras doy por inaugurado mi blog, 

objetividadCERO